jueves, 17 de marzo de 2016

J. Soler – M. Conangla



Un hombre estaba perdido en el desierto, destinado a morir de sed.
Por suerte, llegó a una cabaña vieja, desmoronada, sin ventanas y sin techo.
Mirando a su alrededor, vio una vieja bomba de agua, toda oxidada.
Se arrastró hacia allí, tomó la manivela y comenzó a bombear, a bombear y a bombear sin parar, pero nada sucedía.
Desilusionado, cayó postrado hacia atrás, y entonces notó que a su lado había una botella vieja.
La miró, la limpió de todo el polvo que la cubría, y pudo leer que decía:
«Usted necesita, primero, preparar la bomba con toda el agua que contiene esta botella mi amigo, después, por favor tenga la gentileza de llenarla nuevamente antes de marchar».
El hombre desenroscó la tapa de la botella, y vio que estaba ¡llena de agua!
De pronto, se vio en un dilema: si bebía aquella agua, él podría sobrevivir, pero si la vertía en esa bomba vieja y oxidada, tal vez obtendría agua fresca del fondo del pozo y podría tomar toda el agua que quisiese o tal vez no.
Tal vez, la bomba no funcionaría y el agua de la botella sería desperdiciada.
¿Qué debía hacer?
¿Derramar el agua en la bomba y esperar a que saliese agua fresca, o beber el agua vieja de la botella e ignorar el mensaje?
¿Debía perder toda el agua, con la esperanza de que aquellas instrucciones, poco fiables, escritas no sabía cuánto tiempo atrás, fueran ciertas?
Después de dudar durante largo tiempo, decidió confiar y hacer lo que indicaba el mensaje.
Derramó toda el agua en la bomba, agarró la manivela y comenzó a bombear.
La bomba comenzó a rechinar, pero ¡nada pasaba!
La bomba continuaba con sus ruidos.
El hombre se esforzó más y más y, de repente, surgió un hilo de agua, después un pequeño flujo y finalmente, el agua corrió con abundancia: agua fresca y cristalina.
El hombre llenó la botella y bebió ansiosamente. La llenó otra vez y tomó aún más de su refrescante contenido.
Enseguida, la llenó de nuevo para el próximo viajante, la llenó hasta arriba, tomó la pequeña nota y añadió otra frase:
«Créame que funciona, usted tiene que dar antes toda el agua, para poder obtenerla nuevamente.»

J. Soler – M. Conangla