miércoles, 4 de mayo de 2016

Los Ejes del Arbol de la Vida


"El Árbol de la Vida se extiende desde lo alto y hacia lo bajo y el sol lo ilumina enteramente”
El Zohar

En el simbolismo hindú existen 7 regiones espaciales: los 4 puntos cardinales más el Cénit (punto más alto) y el Nadir (punto más bajo), y como séptima región el Centro, es decir; una cruz tridimensional con un punto central .  El Arbol representaría el Axis Mundi,  presente en casi todas las Tradiciones, y la polaridad Cénit-Nadir equivaldría al espíritu y la materia. El hinduismo lo expresa como Purusha y Prakritti, el Budismo como vacuidad y fenómenos, el taoismo como Cielo y Tierra, dos polos entre los cuales se extiende todo el cosmos.
Este eje básico Arriba (Cielo) Abajo (Tierra) estaría representado en el Arbol de la Vida por las sefirot de Kether y Malkut, unidas por el llamado Sendero de la Flecha en el Pilar Central del Arbol.
En todas las tradiciones se considera este eje Cielo Tierra, y en muchas se representa como un árbol.

Desde el árbol Yggdrasil de la mitología escandinava, hasta el árbol navideño, pasando por el “Arbol de la Iluminación” bajo el que Siddartha se convirtió en Buda, la simbología no se agota con el eje vertical que conecta cenit y nadir. Pues además los árboles celestes o míticos aparecen invertidos. En los Upanishads da cuenta de un árbol cósmico llamado Ashvattha cuyas raíces están en el cielo y cuya copa frota la tierra. 



En el Arbol de la Vida existen los siguientes ejes:

Ejes horizontales
Eje Jokmah-Binah: Polaridad Yin-Yang, Pasado-Futuro, Espacio-Tiempo, Energía-Materia.
Eje Jesed-Gevurah: Polaridad Bien-Mal, Expansión-Restricción.
Eje Netzaj-Hod: Polaridad aspecto emocional-aspecto mental.

Ejes verticales
Eje Kether-Malkut: Cielo-Tierra, Espíritu-Materia.
Eje Tiferet-Yesod: Individualidad-Personalidad, Yo Superior-Ego.

Mandala de Vajrayoguini
El Centro del Arbol corresponde a la sefirá de Tiferet, el “sol de 8 rayos”, por los 8 senderos que confluyen en ella. El simbolismo del Centro es también común a todas las tradiciones. Por ser el punto de equilibrio, el Centro tiende a permanecer estable, equilibrado e inmutable, representando realidades tanto internas como externas, macrocósmicas y microcósmicas a la vez.  El Centro aparece entonces como el punto donde los pares de opuestos son trascendidos y surge la armonía del equilibrio. No en vano Tiferet significa Belleza, y los conceptos de belleza y armonía van estrechamente ligados. Así, y en virtud de su universalidad, el simbolismo del Centro es de vasta profusión y aparece necesariamente en las alegorías iniciáticas de todas las épocas y culturas. Símbolos del Centro son la Rueda –los radios confluyendo en un eje fijo-, el propio Sol, la Rosa, el Laberinto y, por supuesto, el Corazón. Y en muy diversas corrientes espirituales se halla reflejado este axioma:

Si encuentras tu centro, encuentras el Centro

¿A qué si no se refería Jesús cuando decía que no buscáramos el Reino de los Cielos aquí o allí, “porque el Reino de los Cielos está dentro de vosotros”

Necesidad de las polaridades

El mundo emanado de la sefirá Kether principia con una dualidad básica: Yin (Binah) y Yang (Jokmah), constituyendo un eje de polaridad de importancia fundamental pues manifiesta el género en todo lo creado, no únicamente en los seres vivos. Dios Padre (Jokmáh) y Dios Madre (Bináh) están más allá del Bien y del Mal, la siguiente polaridad del Arbol: las sefirot de Jesed como “bien” y Gevurah como “mal”. La identificación de estos principios opuestos con Dios y Diablo es frecuente en no pocas tradiciones y adolece de un maniqueísmo que ignora la Unidad como principio fundamental de la divinidad. El mismo Jung había hablado, en “Psicología y religión”, de la actualidad del gnóstico Carpócrates, que sostenía que “bien y mal son solamente opiniones,  no son más que aspectos éticos de estas antítesis naturales”. Para conciliar estos opuestos y restaurar la Unidad original Jung y Herman Hesse introducen a Abraxas como un dios que une simbólicamente lo divino con lo demoníaco, lo bueno con lo malo, la vida con la muerte. Pero ya el monoteísmo judaico e islámico presentaba como declaración de fe que Dios es Uno.

La polaridad manifestada en cada eje es necesaria para que exista cualquier manifestación fenoménica, comenzando por la vida, que requiere macho y hembra. En “El Kybalión” hermético se representa como la Ley de Polaridad: “Todo en la Creación es dual, todo tiene dos polos, todo tiene su par opuesto”. Los opuestos no son sino la cara y la cruz de una misma moneda, y la diferencia entre ambos es solo de grado.

El movimiento de ascenso en el eje vertical Cielo-Tierra vendría representado por kundalini Shakti subiendo por el canal central Sushuma hasta alcanzar el “Loto de los Mil Pétalos”, para fundirse con Shiva. Mientras que el movimiento de descenso sería llevar el Cielo a la Tierra, o Kether a Malkuth, como todas las utopías sacras y profanas han anhelado para un futuro, quizás recordando una antigua Edad de Oro perdida.

En el Arbol de la Vida la sefirá de Malkut es la morada de la Shekináh, la Presencia Divina de Dios en su aspecto femenino. El paralelismo incluso lingüístico con la Shakti hindú es evidente. La Shekináh, también conocida como “La Divina Princesa”, sufre el exilio en la materia, y duerme esperando ser rescatada igual que kundalini duerme enrollada en el chakra Muladhara.

En el eje horizontal Bien-Mal el movimiento entre ambos polos requiere un Centro en el cual pivotar y que sirva como punto de referencia. La imagen de un balancín es aquí adecuada, y una excesiva inclinación hacia un extremo se traduciría en una pérdida de equilibrio. Y del mismo modo que en matemáticas nos enseñan que + x + = - , resulta que un exceso de bueno es malo. Y no por bueno, sino por exceso.

En el Arbol de la Vida el “balancín” entre las sefirot de Jesed o Misericordia y Gevurah o Rigor es el sendero VIII “La Justicia”. Y esta Justicia es Divina pues se rige por las Leyes Universales, las 7 Leyes recogidas en “El Kybalión”. El centro sobre el que pivota este eje es naturalmente Tiferet, y el pie del balancín es el sendero XIV “La Templanza”, cuyo nombre ya sugiere el evitar los extremos.


La necesidad de polaridades para que exista manifestación fenoménica se encuentra también en el hinduísmo. El Pralaya o "Noche Cósmica" es el tiempo fuera del tiempo en que existe un perfecto equilibrio, y por tanto, ninguna manifestación, porque ésta requiere siempre de dos fuerzas opuestas. El crecimiento y la evolución se producen por la dinámica de estas fuerzas opuestas, que funciona siempre siguiendo como vimos la Ley del Pendulo o Ley de Polaridad. Cuando hay una inclinación excesiva hacia un polo, en el Arbol de la Vida una sefirá de un eje determinado, se producirá un desequilibrio que liberará el aspecto negativo de esa sefirá. A este aspecto negativo Dion Fortune lo denomina Qlifot o Qliphoth. Los qlifot son los lados sombríos de los sefirot y manifiestan estados de caos y desorden. Más adelante se estudiarán, pues representan en la Cábala aquello que conocemos como "mal".

fuente: aqui