sábado, 6 de diciembre de 2014

Tácticas del enemigo - Yehuda Berg

El ego fue creado para ocultar una profunda verdad: Dar genera más placer que recibir. Pero tú no sabes esto. No tienes permitido saberlo. El mundo fue estructurado, desde su diseño, para recompensar el comportamiento egocéntrico a través de la satisfacción inmediata. En contraste, el amor incondicional está diseñado para hacerte sentir incómodo al principio. Es duro. Es difícil.
No te equivoques, cuando dar se siente bien, no es real, no es dar de verdad. En Kabbalah se conoce como dar con el propósito de recibir y realmente se considera como recibir. El verdadero dar, el verdadero amor incondicional, debe siempre, y esto es una condición, ser difícil de hacer. Esta es tu pista de que estas superando el ego.
Así que cuando lamentas el hecho de que todo el amor que das no te da nada a cambio, debes aceptar una dura y difícil verdad: Compartías amor con el propósito de recibir. Y al hacer esto, no expresabas tu verdadera naturaleza divina. Ni estabas alcanzando el propósito de tu vida. Dios imparte amor con ningún otro propósito que satisfacer las necesidades de otro. No hay ningún pensamiento, consideración ni cálculo de lo que podría generar a cambio ese regalo. Por ello, en el momento en el que te atrapes a ti mismo preguntándote por qué tu amor no correspondido, debes reconocer que es el ego y no es tu verdadero Yo el que está gobernando tu comportamiento.
Verás, el ego odia todo el concepto de amar a otro sin ninguna consideración por el deseo propio. Cada miedo, preocupación, cada duda que tengas sobre el pensamiento de ofrecer tu amor y desnudar tu alma, solamente por la otra persona, está siendo alimentado por el enemigo conocido como ego. Cuando sigues sus caprichos, es decir cuando permites que el enemigo influya en tu comportamiento, estás en un camino de relaciones cortas y soledad. Estás intercambiando el amor duradero que satisface tu corazón y alma a cambio de satisfacción a corto plazo