miércoles, 12 de agosto de 2015

¿Es o no inmortal el hombre?

—Trataré de contestar a esta pregunta, dijo G., pero les advierto que eso no se puede hacer de manera plenamente satisfactoria, con los elementos que la ciencia y el lenguaje ordinario ponen a nuestra disposición.
“Usted pregunta si el hombre es inmortal o no. “Contestaré a la vez sí y no.
Esta pregunta tiene numerosos aspectos. Primero, ¿qué significa inmortal? ¿Habla usted de la inmortalidad absoluta, o admite usted diferentes grados? Si por ejemplo, después de la muerte del cuerpo subsiste algo que vive aún un cierto tiempo, conservando su conciencia, ¿puede esto ser llamado inmortalidad o no? En otras palabras, a su parecer, ¿cuánto tiempo debe durar tal existencia, para ser llamada inmortalidad? ¿No implica esto entonces la posibilidad de una inmortalidad «diferente» según los hombres? Y tantas otras preguntas. No digo esto sino para mostrar cuán vagas son palabras tales como «inmortalidad» y cuan fácilmente pueden engañarnos. De hecho nada es inmortal. Dios mismo es mortal. Pero la diferencia entre Dios y el hombre es grande, y naturalmente Dios es mortal de manera diferente a la del hombre. Seria mucho mejor sustituir la palabra «inmortalidad» por las palabras «existencia después de la muerte». Contestaré entonces que el hombre tiene posibilidad de existencia después de la muerte. Pero la posibilidad es una cosa, y la realización de la posibilidad es otra.
“Examinemos ahora de qué depende esta posibilidad, y lo que significa su realización.”
“El trabajo sobre sí debe comenzar por el cochero. El cochero es el intelecto. A fin de poder oír la voz del amo, ante todo el cochero no debe estar dormido — se debe despertar. Luego, puede suceder que el amo hable un lenguaje que el cochero no comprenda. El cochero debe aprender este lenguaje. Cuando lo sepa, comprenderá a su amo. Pero esto no basta, debe también aprender a conducir el caballo, a engancharlo, a alimentarlo, a cuidarlo, y a mantener bien el carruaje — porque no serviría de nada el que comprenda a su amo, si no está en condiciones de hacer algo. El amo da la orden de partida. Pero el cochero es incapaz de marchar porque no ha alimentado al caballo, no lo ha enganchado, y no sabe dónde están las riendas. El caballo representa las emociones. El carruaje es el cuerpo. El intelecto debe aprender a gobernar las emociones. Las emociones siempre arrastran al cuerpo. Este es el orden en que se debe llevar el trabajo sobre sí. Pero fíjense bien: el trabajo sobre los
«cuerpos», es decir sobre el cochero, el caballo y el carruaje, es una cosa. Y el trabajo sobre las «conexiones», es decir, sobre la «comprensión del cochero» que lo une a su amo, sobre las «riendas» que lo conectan al caballo, sobre las «varas» y los «arneses» que conectan el carruaje con el caballo — es algo totalmente diferente. “Sucede a veces que los cuerpos están en excelente estado, pero que las «conexiones» no se establecen. Entonces, ¿de qué sirve toda la organización?
Como sucede con los cuerpos no desarrollados, la organización total es entonces
inevitablemente gobernada desde abajo. En otras palabras: no por la voluntad
del amo, sino por accidente.”
fuente :Ricardo Soint Bell