lunes, 28 de marzo de 2016

Las tres barreras del Arbol de la Vida

En el ascenso evolutivo del hombre hacia su Origen, representado en el Arbol por Kether, se presentan tres barreras que simbolizan obstáculos a superar, y que se asocian a tres sefirot: Yesod, Tiferet y Daat.  Estas barreras son:


Queshet : el Arco Iris . A la altura de la esfera de Yesod. El arco iris es una ilusión óptica, no existe en realidad, del mismo modo que el “yo personal” o ego, representado por Yesod.  Cualquier tradición iniciática o mística, oriental u occidental, considera que es imposible proseguir una evolución sin superar el ego. La identificación con el personaje impide ver ni siquiera los aspectos mentales y emocionales que lo rigen, representados en las esferas de Hod y Netzaj, la mente concreta y las emociones, respectivamente. Para poder ver esto debemos situarnos en Tiferet, y ahí se encuentra la siguiente barrera:



Parojet : El Velo del Templo. A la altura de la esfera de Tiferet, que es el Centro de la Individualidad o Yo Superior o también el Centro Crístico. A partir de esta frontera comienza el mundo supramental  y retirar este velo requiere superar la “prueba del Amor”, entendido éste no como un sentimiento, sino como un estado del ser.  Integrar por completo que todos somos iguales en nuestro corazón. Nisargadatta Maharaj, desde una tradición tan distinta como el vedanta advaita, lo define a la perfección: “La naturaleza del Amor es no ver la diferencia”. La consecuencia es superar la propia individualidad, del mismo modo que en la primera barrera superábamos el ego. El Velo del Templo separa pues el nivel personal del transpersonal.

Teham : El Abismo. A la altura de la “no esfera” de Daat, o esfera del Conocimiento. Esta es la frontera que separa la Unidad, representada por la Triada de las Raíces, del resto del Arbol, en el que reina la dualidad, representada en su nivel más elevado por la dualidad de las esferas de Jesed y Geburáh, Misericordia o Rigor, Expansión o Limitación, y en definitiva: “Bien” o “Mal”, tal y como nosotros lo interpretamos. Esta es la frontera que, en definitiva, nos separa del Paraíso, del que caímos por probar la fruta del Arbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Metafóricamente, un abismo hace referencia a una separación muy difícil de traspasar, prácticamente imposible. Y es lógico porque hay que superar la dualidad, y la última y más grande dualidad a superar es la separación sujeto-objeto. Por encima del Abismo se encuentra el Unico Sujeto: la Divinidad, o, si se prefiere, la Consciencia. Muy pocos hombres consiguen traspasar esta frontera, y los que lo hacen y comen el fruto de Daat: el Conocimiento, ciertamente se convierten en la Divinidad. Para ellos el juego ha terminado, y no obstante muchos de estos verdaderos Maestros se plantean mostrar este Conocimiento a los demás. Dar este Conocimiento plantea serios problemas, pues algo inefable de por sí resulta muy difícil de transmitir, y no todo el mundo está preparado para recibirlo, ni, por supuesto, está motivado para ello. Por lo general se ha transmitido de forma oral y a unos pocos iniciados y, con el fin de protegerlo, se ha hecho hermético.  Pero, sea como sea, el “iluminado” solo puede señalar con sus palabras un camino que cada hombre debe recorrer por sí mismo.


Tomada del libro "Sefer Tamar o Nueva guía de perplejos" (Jaime Villarrubia y Tamar Looz)


fuente: aqui

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.