jueves, 8 de septiembre de 2016

LA PUERTA DEL CIELO. Fábula Zen.

 
Un guerrero samurai fue a ver al maestro Hakuin y le preguntó:
- ¿Existe el infierno?
- ¿Existe el cielo?
- ¿Dónde están las puertas que llevan a uno y al otro?
- ¿Por dónde puedo entrar? 
Era un guerrero sencillo. Los guerreros siempre son sencillos, sin astucia en sus mentes, sin matemáticas. Sólo conocen dos cosas: La vida y la muerte. Él no había venido a aprender ninguna doctrina; solo quería saber dónde estaban las puertas, para poder evitar el infierno y entrar en el cielo. Hauikin le respondió de una manera que sólo un guerrero podía haber entendido.
- ¿Quién eres?
- Soy un samurai – le respondió el guerrero -, un jefe de samurais. Hasta el emperador mismo me respeta. 
Hakuin se rió y contestó:
- ¿Un samurai, tú?, pareces un mendigo. 
Sintiendo su orgullo herido, el samurai desenvainó su espada y, ya estaba al punto de matar a Hakuin, cuando éste le dijo:
- Ésta es la puerta al infierno. Esta es la puerta del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, te abren la puerta.
 Esto es lo que un guerrero puede comprender. Inmediatamente el samurai entendió. Puso de nuevo la espada en su cinto, conmovido, se inclinó con humildad y con voz honesta y profunda dijo:
- Maestro, muchas gracias, tus palabras tocaron mi alma. La rabia, el miedo y la arrogancia son mi infierno.
El maestro lo miró fijamente y le dijo:
- Aquí se abren las puertas del cielo.
El cielo y el infierno están dentro de ti. Ambas puertas están dentro de ti. Cuando te comportas de forma inconsciente, estás a las puertas del infierno; cuando estás alerta y consciente estas en las puertas del cielo. 
La mente es el cielo, la mente es el infierno y la mente tiene la capacidad de convertirse en cada uno de ellos. Pero la gente sigue pensando que esas puertas existen en alguna parte, fuera de ellos mismos… El cielo y el infierno no están al final de la vida, están aquí y ahora. A cada momento las puertas se abren…en un segundo se puede ir del infierno al cielo, o del cielo al infierno.
No son las palabras de los otros las que te envían al cielo o al infierno, es el significado que les das. Las palabras pueden contener emociones, pero tú decides si las aceptas y cuanta importancia tienen para ti.
Cuando eliges la rabia, la arrogancia o el miedo, estas escogiendo el dolor, el juicio y el aislamiento, tanto para ti como para quienes te rodean.
Es tu decisión. Piensalo!

fuente: aqui