lunes, 18 de abril de 2016

ROMPER LO MALO – Yehuda Berg

No existe tal cosa como algo “malo”. No realmente. Por lo menos no en el contexto de la Kabbalah.
Éste puede ser un concepto impactante al principio pero también puede que sea un gran alivio y una inspiración para ti.
Los kabbalistas enseñan que el camino hacia la realización es a través de tomar cualquier forma de negatividad como el egoísmo, la ira, los celos o el odio y transformarlos hacia la naturaleza del Creador (cualidades como el amor incondicional y el compartir). Cuando alineamos nuestra conciencia y nuestras acciones con esta fuerza infinita de compartir, nos conectamos a las inmensurables bendiciones y a la plenitud que el Creador desea otorgarnos.
Desafortunadamente, cuando comenzamos a sincerarnos con nosotros mismos acerca de nuestra negatividad, puede que nos enfrentemos con una tarea sobrecogedora. Tenemos mucho sobre lo cual trabajar y sentimos, si es que no lo sabemos ya, que podríamos ser mejores. De hecho, algunos de nosotros somos atraídos de manera natural a enfocarnos en los aspectos negativos de nuestro comportamiento. Somos nuestros propios críticos Vemos nuestros errores y las fallas de nuestro carácter como algo “malo” o algo por lo cual sentirse avergonzado. Sin embargo, esta línea de pensamiento pierde por completo el punto.
Si la realización se obtiene al transformar nuestra negatividad en positividad, entonces mientras más negativos somos, potencialmente podemos obtener más realización.
Y por cierto, aquí existe una verdad universal secreta: ¡con sólo ver tu negatividad estás a mitad del camino para ganar la batalla!
Para poder encontrar todo lo bueno que está enterrado en lo profundo dentro de nosotros, debemos primero descubrir las partes opuestas de nuestra naturaleza. Entonces así hacemos que esa bondad se manifieste en nuestra vida por medio de nuestra propia transformación. Nunca te sientas mal por como eres.
No tienes nada de qué avergonzarte.
Cada uno posee su propia colección de imperfecciones diseñadas a la medida. Y todos cometemos errores.
Nuestras cualidades negativas son como pedazos de carbón esperando a que los transformemos en diamantes. Es así como ganamos nuestra plenitud.